Soñé que me encontraba sola en un muelle de madera, frente al mar. El ambiente era denso, casi suspendido en el tiempo. Al mirar hacia el horizonte, distinguía un movimiento constante: no sabía si eran personas o máquinas, pero claramente actuaban en contra de nuestra civilización.


Flotando sobre el mar, suspendida en el aire, había una nave metálica con ventanas redondas. Tenía algo inquietante… como si estuviera viva. Aunque parecía tener voluntad propia, sabía que estaba siendo controlada por las fuerzas que se movían al frente, en tierra firme. La nave esperaba la orden de atacar. La tensión se sentía en el aire.


En medio de esa incertidumbre, recibí una llamada de una mujer mayor. Su voz era firme, casi maternal. Me invitaba a reunirnos en su hogar. Sentía que Yuri estaba a mi lado, no lo veía claramente, pero su esencia me acompañaba. No estaba sola.


Decidimos ir. Al llegar, ingresamos por una casa común, pero pronto comenzamos a descender por túneles ocultos. Cada vez bajábamos más, como si nos adentrásemos en las entrañas de la tierra. El camino nos conducía a lo que parecía ser un búnker, un refugio subterráneo.


Y justo en ese descenso… desperté.





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